Aunque sea cristiana… Dudo y me hundo.
Cuando todo va bien en nuestra vida podemos llegar a pensar que siempre veremos brillar el sol porque Dios está con nosotros, sin embargo, como dice el libro de Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo…” y es tan cierto, podemos navegar confiados en un día soleado pero qué hay de cuando llegan los días malos, esos en los que de un momento a otro las nubes cubren el cielo anunciando que la tormenta viene.
Las tormentas de la vida llegan sin avisar, y en ocasiones a pesar de ser cristianos se nos olvida que Jesús puede ayudarnos siempre y cuando no apartemos la mirada de él, pues podemos de palabra decir que confiamos en él, pero en nuestro corazón no lo hacemos, y es ahí cuando la duda nos invade y nos hundimos. Ese fue el caso de Pedro, quien al intentar caminar sobre las aguas para ir hasta Jesús, apartó la mirada de él y se concentró en la fuerza del viento que azotaba el mar, por lo que tuvo miedo y comenzó a hundirse.
El mismo pasaje nos muestra a un Pedro que al mirar que perdía el control y se hundía, gritó: “¡Sálvame, Señor!”, quien al momento lo tomó de la mano y lo subió a la barca no sin antes decirle: “Hombre de poca fe, ¿Por qué dudaste?”
Aunque el día malo llegue, debemos recordar que Jesús siempre estará ahí para ayudarnos y aun si dudamos, él estará atento a tu voz, esperando que lo mires a él y le pidas que te ayude, no importa cual sea tu situación, Dios es fiel y se preocupa por el bienestar de sus ovejas, a pesar de la tormenta, él nos acompañará en la barca.
Base bíblica: Mateo 14:22-33
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